INTRODUCCIÓN
DEL CAPÍTULO
Con el
camino recorrido de perseverancia y con el inicio de éste capítulo sería
oportuno que nos hiciéramos esta pregunta:
¿Qué significa «seguir a Jesús», ser «seguidor de Jesús»?[1]
Para
comprender hoy qué significa «seguir a Jesús», lo primero que hemos de captar
bien es que el seguimiento a Jesús no es un asunto individual de cada cristiano
sino lo único que justifica la presencia de la Iglesia en medio del mundo.
«La Iglesia ha de llevar a Jesús; este es el
centro de la Iglesia, llevar a Jesús. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no
lleva a Jesús, esa sería una Iglesia muerta»[2].
La expresión del Papa es fuerte pero fundamental. Una diócesis, una parroquia,
un movimiento que no lleva al seguimiento a Jesús es una diócesis, una
parroquia, un movimiento muerto.
Por eso, el
giro que necesita el cristianismo actual, la conversión más radical y decisiva
consiste sencillamente en volver al seguimiento a Jesús para arraigar nuestra
fe con más verdad y más fidelidad en su persona, su mensaje, su proyecto del
reino de Dios y su destino de muerte y resurrección.
Para
promover entre nosotros un seguimiento más fiel a Jesucristo es necesario
recuperar su proyecto del «reino de Dios y su justicia» como tarea principal de
las comunidades cristianas; introducir la misericordia como principio de
actuación en todos los niveles de la Iglesia; buscar entre nosotros una Iglesia
más pobre y de los pobres; no tener miedo a salir a las periferias
existenciales…
El mayor obstáculo es que
vivimos en comunidades que se dicen cristianas pero que se relacionan con un
Jesús mal conocido, confesado solo de manera abstracta, un Jesús mudo del que
no pueden escuchar apenas nada de especial interés para el mundo de hoy, un
Jesús apagado que no seduce, no llama, ni toca los corazones…
No es posible seguir a Jesús sin
reavivar nuestra relación personal con él. El núcleo del seguimiento a Cristo
no consiste en dejarnos seducir por una causa, un ideal, una religión…, sino
por la persona de Jesús y el misterio del Dios vivo, encarnado en él. Solo así
nos dejamos transformar poco a poco por Jesús y acogemos en nuestra vida a ese
Dios Padre, Amigo del ser humano que nos envía a trabajar por una vida más
digna, más humana y dichosa para todos, empezando por los últimos, los más
indefensos y excluidos. Esto es optar por el camino del Evangelio.
Si ignoramos a Jesús, no
podremos conocer nunca lo más esencial y decisivo de nuestra fe y de nuestra
tarea evangelizadora. Si ignoramos cómo mira Jesús el mundo, la vida, las personas…
seremos comunidades de seguidores ciegos. Si ignoramos cómo escucha Jesús el
sufrimiento de las gentes, seremos comunidades sordas. Si no nos sintonizamos
con el amor, el perdón gratuito y la ternura de Jesús, nunca conoceremos lo
mejor, lo más valioso, lo más atractivo de nuestra fe: Jesús, el Cristo,
nuestro único Maestro y Señor.
Por lo que el propósito de éste
capítulo es precisamente ese; tratar de percibir a Jesús constantemente en
nuestras vidas a través de diversas situaciones que diariamente vivimos, y que
a lo mejor, dejamos pasar inadvertidamente. La comunión con Él, está en su
mensaje de vida, revelado en la palabra. Es ahí donde lo buscaremos
reflexivamente, para después darlo a conocer en forma viva a través de nuestra
propia vida, considerando: respuesta, actitudes, compromisos, conductas,
posturas y acciones, que irradien el amor que nos tiene Jesús, y el amor
verdaderamente que nosotros le profesamos.
DESARROLLO
PARTICULAR DEL CAPÍTULO
EXPOSICIÓN DEL TEMA.
El tema será expuesto con la preparación previa de la
pareja responsable del grupo de perseverancia. Utilizando los medios que crean
necesarios para la mejor comprensión de las parejas. Teniendo siempre presente
los objetivos a alcanzar en cada una de las reuniones. También se deberá tener
preparadas con anticipación, y en su caso, repartidas las citas bíblicas; para
que las parejas que perseveran participen con las lecturas.
PUNTOS PARA
EL ESTUDIO.
La realización del “Encuentro con la vida” y la “Reflexión para encontrar caminos”, se desarrollarán en forma individual y se dará la oportunidad de compartir entre todos lo que cada uno plasmó como respuesta. El sentido de estos es enriquecer el mensaje dado por Dios a través de cada participante.
CONCLUSIÓN
DE LAS REUNIONES.
El matrimonio responsable, acorde a cada tema,
proporcionan las reflexiones conclusivas, encausando todas las aportaciones que
los participantes expusieron. Por último se lleva a cabo la oración incluida al
final de cada uno de los temas.


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